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viernes, 16 de junio de 2023

Una defensa poco eficaz


    La línea Maginot era una sucesión de fuertes y búnkeres dotados con baterías pesadas protegidos por muros de hormigón y blindajes de acero. Delante solían tener barreras de obstáculos para impedir el paso de los tanques. Tenía 108 fuertes principales separados por unos 15 km. Además, contaba con muchos pequeños fortines y puestos de observación. En total, una longitud de unos 400 kms. (desde la frontera suiza a Luxemburgo).  Los puestos estaban comunicados por líneas férreas subterráneas. La Línea Maginot pretendía ser autosuficiente, contaba con generadores de luz y aire, almacenes, cocinas, hospitales, salas de mando, zonas de acuartelamiento para la tropa y oficiales, polvorín, etc. Constituye la mayor línea de defensa militar construida en el mundo moderno, aunque anclada en una estrategia caduca. Su eficacia se mostró casi nula ante las nuevas tácticas de las fuerzas armadas alemanas. Un enorme esfuerzo y una gran inversión que sirvieron para muy poco.

jueves, 15 de junio de 2023

Descubriendo la Línea Maginot

    Esta línea defensiva fue construida en la década de los años 30 por los franceses para tratar de evitar la posible invasión nazi por las fronteras de Francia con Italia, Suiza, Alemania, Luxemburgo y Bélgica, aunque resultó inútil ya que el ejército de Hitler consiguió entrar en el país a través de Bélgica y la invasión de Francia tuvo lugar en poco tiempo.

    La Línea Maginot consiste en un conjunto de fortificaciones que cubrían la frontera francesa con Alemania y otros países antes de la Segunda Guerra Mundial. Debe su nombre al que fue ministro de defensa francés André Maginot. Durante la Primera Guerra Mundial las modernas fortificaciones habían contribuido a detener el avance germano con más eficacia que la infantería, por lo que Maginot entendió que había que dotarse de un sistema eminentemente defensivo, con el fin de evitar gravísimas pérdidas humanas y comenzó a construir una barrera defensiva permanente contra el previsible ataque alemán. La defensa francesa contemplaba ya el Rin como un obstáculo importante ante una posible invasión mientras que el resto de la frontera con Alemania carecía de obstáculos naturales, por lo que se construyó una triple línea a lo largo de unos 400 kms a la que posteriormente se conoció como Línea Maginot.

Asumir las adicciones


    
Esto de la bicicleta engancha. Te crea poco a poco una necesidad creciente, muchas veces incontenible, de sumergirte en el placer de pedalear por el mero hecho de hacerlo o por evadirte. Como cualquier droga. Aquí también tiene que haber una reacción química que se produce en tu cerebro cuando consumes habitualmente bicicleta y esto no es nada, nada, fácil de controlar. Es indiscutible que pedalear produce alucinaciones, te surgen aventuras que no habías imaginado, se te ocurren ideas insólitas, encuentras soluciones a problemas irresolubles o piensas en propuestas descabelladas. Dicen los expertos, ­aunque por ahora no está científicamente demostrado, que esto es debido a las endorfinas que se generan habitualmente en nuestro cuerpo con el ejercicio físico. Dicen también que estas sustancias actúan como un opiáceo, creando una sensación de felicidad. Es fácil caer en la tentación porque como el resto de las drogas la bicicleta resulta ser una forma placentera de evasión ante situaciones vitales. Pues una maravilla. Nos alegra el carácter, vamos colocados, no es dañino y encima ¡gratis! 
    
    Hay efectos secundarios en el pedaleo que pueden explicar ese bienestar que produce el hábito de consumir bicicleta. Ciertamente se genera una hiperventilación propiciada por el ejercicio, una mayor cantidad de oxígeno llega al cerebro y lo estimula, cosa que no ocurre cuando uno está sentado en el sofá. Esto explica que la bicicleta sea adictiva, pero por suerte se trata de una adicción más o menos controlada, que normalmente no genera graves síntomas de abstinencia y que no tiene ningún efecto nocivo. Todo lo contrario: no hace mal a nadie, mejora la condición física, no envenena el cuerpo ni el aire, respeta el entorno por el que se transita y encima sirve para pasarlo sensacional. Hay que reconocerlo: la biciadicción está haciendo estragos y ha llegado para quedarse.

Montar en bici


    
Montar en bicicleta es un regalo que te haces cada día, una recompensa en forma de emociones y, sin ningún lugar a dudas, una medicina eficaz contra la vida moderna. 
    Cada medio de transporte tiene sus características: el coche es ante todo velocidad, fuerza, poderío, mientras que la moto simboliza la independencia, el orgullo, la diferencia. El tren, el metro o el autobús suponen el encuentro, el compadreo, la charla, compartir o leer.
    ¿Y la bicicleta? La bicicleta es el vehículo de las emociones. Montar en bicicleta para desplazarte o para hacer ejercicio genera una serie de emociones que no se sienten en otros medios de transporte. Ir en bici permite un ritmo controlado, contemplativo y es muy sensorial porque estás en contacto permanente con el entorno. Puedes escuchar los sonidos que te rodean, sentir la caricia del aire en el rostro, apreciar el contacto con el frío, el calor o las gotas de lluvia en un día primaveral y los olores de los lugares por los que pasas. Un lujo total.

¡Volvemos a desempolvar la bicicleta!

    Cuando en esta ocasión –tras la maldita pandemia y algún quebranto inoportuno de salud– nos hemos vuelto a plantear lo de retomar nuestros viajes en bicicleta, nuevamente recuperamos los sobados argumentos positivos de siempre: que es un ejercicio sano que nos sirve para combatir el sobrepeso que vamos almacenando, que es un desplazamiento barato y ecológico, que es una forma bonita de conocer otros territorios, que nos permite movernos sin prisas o que la bici no genera ruidos molestos. Son razones ciertas y sobradamente demostradas, pero la verdad es que hacemos estos paseos en bici por Europa porque nos sirve para pasar unos días en compañía de buenos amigos y porque además nos lo pasamos bien. 

    No se trata de aventuras fabulosas ni de grandes retos deportivos, no pretendemos recibir parabienes ni batir ningún récord, lo que intentamos es desconectar de la rutina cotidiana y disfrutar del camino y del sentir colectivo. Es lo que nos gusta. 

    Tras el paréntesis, hemos decidido volver a las andadas y desentumecer los oxidados músculos bicicliteriles invirtiendo unos días pedaleando durante la segunda quincena del mes de junio para seguir parcialmente el recorrido de la Línea Maginot desde Estrasburgo hasta Luxemburgo. Otra vez nos moveremos por las inmediaciones del Rin, ese río amigo que nos va a acompañar en parte del camino y con el que ya hemos coincidido en varias ocasiones. 

Una defensa poco eficaz

     La línea Maginot era una sucesión de fuertes y búnkeres dotados con baterías pesadas protegidos por muros de hormigón y blindajes de ac...